jueves, julio 17, 2008


Declaración Publica

Declaración Pública
CONTRA LA DIRECTIVA DE LA VERGÜENZA Y POR EL RESPETO DE LAS PERSONAS INMIGRANTES EN LA UNIÓN EUROPEA

La "MESA de Articulación de Asociaciones Nacionales y Redes Regionales de ONG de América Latina y el Caribe", expresa su más enérgico rechazo a la aprobación de la “Directiva del Parlamento Europeo relativa a procedimientos y normas comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio”.
Los mismos euro parlamentarios que han reducido su ayuda a la cooperación este año respecto a la del año anterior, impidiendo a los países del Tercer Mundo cumplir con los Objetivos del Milenio, son los que ahora han aprobado esta “Directiva de la vergüenza”.

Esta resolución legislativa de la Unión Europea permite detener hasta por 18 meses a los inmigrantes no documentados y les prohíbe por 5 años volver a Europa luego de ser expulsados por ese motivo. La norma permite que sean las autoridades administrativas las que dictaminen órdenes provisionales de internamiento de inmigrantes ilegales por períodos de hasta 72 horas y que los menores de 18 años, sin ser acompañados de sus padres, puedan ser también expulsados y retenidos.

Respecto a las condiciones en que permanecerán los extranjeros en espera de la repatriación, la directiva señala: "en los casos en que un Estado miembro no pueda proporcionar alojamiento en un centro de internamiento especializado y tenga que recurrir a un centro penitenciario, los nacionales de terceros países sujetos al internamiento estarán separados de los presos ordinarios". De esta forma Europa ha dado los primeros pasos en la instauración del delito de inmigración no documentada, sancionado con penas de presidio.

Por este motivo esta directiva estigmatiza a las personas inmigrantes y les transforma en delincuentes que deben ser excluidos. Impone una lógica basada en la discriminación sistemática de seres humanos cuyo único delito es intentar escapar de la pobreza y buscar una vida digna para sus familias. Esta nueva legislación migratoria incumple las obligaciones internacionales a las cuales están obligados los Estados miembros de la Unión Europea, entre otras la Convención de Ginebra de 1951 referida a los solicitantes de asilo, la Convención Internacional de los Derechos del Niño y la propia Convención Europea de Derechos Humanos.

Es llamativo que esta directiva sea incoherente con los acuerdos de la Cumbre de jefes de estado y gobierno de América Latina y el Caribe y la UE, celebrada en mayo de este año en Lima. En dicha ocasión ambas regiones manifestaron su voluntad de desarrollar un diálogo político basado en un enfoque comprensivo de la migración regular e irregular, y que comprenda los vínculos entre migración y desarrollo.

La misma inconsistencia muestra esta directiva en relación documentos de la propia UE, como por ejemplo las comunicaciones de la Comisión Europea sobre “el nexo entre migración y desarrollo” y el “Programa de La Haya”, adoptado por el Consejo Europeo de noviembre de 2004 que expresamente solicitó el establecimiento de normas comunes para las personas que vayan a ser repatriadas, de manera humana y respetando plenamente sus derechos humanos y su dignidad.

Esta directiva se aprueba, paradojalmente, en el año en que se conmemora el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por este motivo, las Asociaciones Nacionales y Redes Regionales de ONG de América Latina y el Caribe exigen a la Unión Europea adecuar su legislación migratoria de manera que garantice la observancia y protección de todos los derechos humanos y de las libertades fundamentales, garantizando su universalidad, indivisibilidad e interdependencia.

24 de junio de 2008

martes, enero 30, 2007

jirafas libres


Etiquetas:

lunes, octubre 09, 2006

la ciudad perfecta, ahora llamada "el parque"

martes, octubre 03, 2006

"La Ciudad Perfecta"

Durante el año 2002 en diferentes periódicos chilenos comenzó a aparecer una publicidad que promovía la venta de casas de una singular manera, la cual no dejaba de sorprender a sus lectores. Se trataba del eslogan “La Ciudad Perfecta”, un proyecto inmobiliario de la ciudad de Santiago en los límites de Peñalolén con la comuna de La Florida el que probablemente se ha constituido en una de las excepciones en este tiempo de crisis de la construcción, imprimir velocidad a la venta es uno de las claves del nuevo período. Lo que ocurre es que el negocio, además de unas particulares características venía acompañado de una imaginativa oferta, se ofrecía nada más y nada menos que la perfección.

“La Ciudad Perfecta” corresponde a un ejemplo emblemático de proyectos inmobiliarios que utilizan el marketing urbano para promocionar algo más que una casa, un estilo de vida, vinculado probablemente a todo un diseño que incluye en su elaboración el “focus group” y las encuestas para determinar con precisión los gustos de la población objetivo, en este caso, grupos medios y medios altos. En los últimos años esta fórmula corresponde a la modalidad en la cual se impulsan los desarrollos inmobiliarios en Chile.

La producción de lo urbano en el período llamado de capitalismo tardío se trata efectivamente de un negocio, y en algunos casos de un muy buen negocio.

Aparecen urbanistas y arquitectos promocionando personalmente este desecho de virtudes. Son ellos quienes, con sendas fotografías, aparecen en avisos pagados en los periódicos que compran las clases pudientes.

Pero observemos con un poco más de detalle de qué se trata este sublime ejemplo urbano que nos promete no sólo ventajas de localización, de una buena cantidad de metros cuadrados, club house y todas las ventajas que se integran a la nueva vida urbana de las clases medias; nos promete además, la pureza y el primor.

En primer lugar, la ciudad perfecta se localiza en uno de los pocos terrenos que en la ciudad de Santiago continuaron por años con la tradición de la producción agrícola de viñedos, en este caso era la Viña Cousiño Macul, parte de un patrimonio urbano y ecológico de singular belleza en la zona sur poniente de la capital. Se trataba de viñedos que podían ser admirados con sus colores y descolores que dependiendo de la época del año se teñían de verde, de rojo, de naranja o de amarillo. La pavimentación de esa área en esta ciudad perfecta, contribuye con su granito de arena al proceso de calentamiento global de la tierra, y en particular al calentamiento de la cuenca de Santiago, que dicho sea de paso ha subido un par de grados en los últimos años, eliminándose uno de los pulmones verdes que aún existían en la ciudad. El agua lluvia que antes escurría por la tierra y regaba las parras para luego continuar su periplo o adentrarse en las vaciadas napas santiaguinas, ahora escurrirá por cunetas y pavimentos e irá a aposarse quien sabe donde.

Veamos qué nos ofrece esta “ciudad perfecta” en materia de arquitectura, una ya tradicional ciudad cerrada, con muros por sus costados como los ya conocidos condominios del tipo ciudadela. En eso sigue la tradición de americanización impenitente a que están sometidas nuestras ciudades. Calles que no van a ninguna parte, un laberinto de vueltas interminables que siempre rematan en un muro o en una barrera de detención. Altos índices de constructibilidad, que prometen una profusión de techos, mansardas y demases.

Sin duda que esta ciudad perfecta satisfará los gustos de clases medias deseosas de incorporarse a la vida cerrada con sus iguales. “Gordo” y “Gordi” podrán hacer footing o andar en bicicleta durante el domingo por la mañana recorriendo el laberinto y sonriendo a sus iguales. Lo interesante es averiguar qué hay detrás de aquello, se trata de una significación urbana de la nueva ciudad, de valores culturales que quedan impresos en la ciudad pero ya antes eran acto social, eran parte de unos deseos de esos grupos por vivir de una determinada manera.

De nuevo se perderá la oportunidad de hacer una verdadera ciudad, que por cierto no es perfecta. En las ciudades imperfectas las calles buscan encontrarse con otras calles y con plazas constituyendo un complejo abierto y recorrible al que se le llama “espacio público”. Esa ciudad imperfecta es el lugar de lo inesperado, de lo diverso, está conformada de barrios, los que por cierto no son perfectos. En estos últimos conviven el almacenero, con el café, la librería, con el maestro de la construcción y el profesional. Simplemente son ciudades. Por la calle de la ciudad imperfecta puede caminar un gerente de banco o un obrero.

En la ciudad perfecta – por supuesto -, no cabría un obrero silbando por la calle, sería parado por un guardia antes que pudiera colocar un pie sobre ella.

La gente, cuando usa el sentido común, dice que lo perfecto es enemigo de lo bueno. ¿Qué nos recuerda la retórica de lo perfecto?, “hay dictaduras perfectas, las democracias son todas imperfectas”, otros en la historia han querido hacer ciudades perfectas, el resultado fue desastroso, y lo perfecto era lo que se identificaba con lo autoritario y dictatorial.

La verdad es que cuando este proyecto se publicita con el título de la ciudad perfecta, pareciera que en verdad escuchamos otra rima mucho más perfecta, la del negocio perfecto.

Miguel Santibáñez, Presidente de JUNDEP

viernes, agosto 25, 2006

Ley de Participación

Intervención Miguel Santibáñez
Presidente Asociación Chilena de ONG ACCIÓN.
Seminario sobre Ley de Asociaciones y Participación.
Palacio Ariztía,
25 de agosto de 2006.


Desde hace años y desde una perspectiva critica pero constructiva un conjunto de Organizaciones Ciudadanas se han articulado para darle seguimiento al Proyecto de Ley sobre Asociaciones y Participación, donde destaca una coalición en que hacen parte la Asociación Chilena de ONG (ACCIÓN con más de 70 asociadas), además de MÓVILH, GENERA, OLCA, Libertades Ciudadanas, Corporación de Familiares y amigos de discapacidad de causa síquica, Foro de DD. SS. y RR; MEMCH, ECOSISTEMAS, CHILE SUSTENTABLE, FORO CIUDADANO, y otras organizaciones que se han ido sumando.

En primer lugar, nosotros nos situamos en el debate más sustantivo que va más allá de este proyecto de ley y que refiere a la cuestión de la democracia, a su densidad y su calidad, ligada también con requisitos constitucionales y de régimen electoral básicos ausentes de nuestra legislación (por ejemplo, el régimen electoral).

Por ello no podemos dejar de señalar que lo primero que se advierte en el Proyecto de Ley es una distancia importante entre la agenda de la sociedad civil sobre democracia y participación ciudadana y lo modesto del proyecto de ley que estamos discutiendo.

Este interés nuestro tiene una historia larga, donde reconocemos que nuestro sector es heredero y parte de la lucha por recuperar la democracia, persistiendo por años en una práctica y preocupación por aportar a la profundización de la democracia de nuestro país. En este camino, nos hemos encontrado con que las aspiraciones de mayor democratización y apertura de espacios han sido postergadas permanentemente por la clase política (a la cual la percibimos crecientemente parapetada en los beneficios que les otorga la Constitución de 1980), quedándonos con una democracia que carece de la densidad y del espesor republicano que requiere nuestra sociedad.

Algunas señales novedosas que se han ido construyendo desde el Gobierno de la Presidenta Bachelet para resolver dicha tensión -mediante un acercamiento a sensibilidades ciudadanas- han revitalizado nuestras expectativas respecto a avanzar hacia una democracia más dialogante.

Desafortunadamente, ha habido una reacción de la clase política -a nuestro juicio desproporcionada- frente al discurso más ciudadano y menos tradicional de la Presidenta. Consideramos que se ha planteado tendenciosamente una disyuntiva falaz, cual es democracia representativa versus democracia participativa, toda vez que ambas son complementarias. La democracia representativa y el sistema institucional que la sostiene no se verán sino enriquecidos y fortalecidos con la inclusión de instrumentos más vinculantes y en diálogo con el conjunto de aspiraciones, expectativas y necesidades de la ciudadanía.

Si bien es imprescindible contar con un sistema institucional sólido, corresponde además generar las condiciones (institucionales y operacionales) para que la ciudadanía participe en los asuntos públicos desde su diversidad. La preocupación por la cosa pública, por la política y por la participación ciudadana no es monopolio del mercado ni del sistema político institucional (ni de los partidos, del Estado, o de las grandes organizaciones empresariales).

En esos términos, y avanzando en una visión general de la participación ciudadana, entendemos que ésta no puede reducirse a las fórmulas de un solo proyecto de ley. Más que “un” proyecto de ley que pretenda inútilmente condensar el principio y la praxis social de la participación ciudadana, lo que requerimos es junto a un proyecto político un bloque normativo e institucional que establezca suficientes canales que aseguren la participación en el contexto de un régimen democrático de calidad. (Ello, implica llevar adelante un paquete diverso de reformas que se discutan y tramiten de manera paralela).

La propuesta de este bloque implicaría voluntad política y una mirada sistémica a la participación en el contexto del ordenamiento legal y del régimen político constitucional. Por ello, a modo ilustrativo, señalamos aspectos que deben estar presentes en una iniciativa en favor de la participación:

A nuestro juicio, la participación ciudadana se relaciona en primer lugar con un ambiente político, social y jurídico de reconocimiento y protección de derechos, reconocidos en la Constitución y en los tratados internacionales.

Para ello requerimos:
· Que exista una jurisdicción constitucional disponible para los ciudadanos para el reclamo y protección de sus derechos, incluyendo los económicos, sociales y culturales y aquellos de dimensión colectiva, como los relacionados con el medio ambiente, el desarrollo urbanístico, las etnias, los migrantes, las minorías y demás grupos discriminados.
· Que se cree la Defensoría del Pueblo o del ciudadano.
· Que se establezca una garantía institucional de información ciudadana contra el secreto administrativo en la definición de planes y políticas y en la designación de funcionarios públicos.
· Que se establezcan garantías efectivas contra todo tipo de discriminación ilegal o arbitraria que puedan experimentar las personas y los colectivos que integran la comunidad nacional.

A su vez, se requieren mecanismos de fiscalización ciudadana que permitan un control sobre el comportamiento público y funcionario de las autoridades y servidores públicos, en los niveles central, descentralizado y desconcentrado; también de los lobbistas y conglomerados corporativos empresariales, religiosos y de cualquier otro tipo.

Asimismo, es imprescindible disponer de formas de ejercicio de la democracia participativa, para lo cual es necesario reponer y dar urgencia a proyectos de reforma constitucional que establezcan:

i. La iniciativa popular de Ley
ii. La revocatoria del mandato de los cargos de elección popular
iii. El referéndum, el plebiscito y la consulta ciudadana sobre asuntos claves del debate público.

Otro elemento coadyuvante refiere a la urgente democracia territorial y regional, lo cual ha de expresarse en una democratización efectiva de regiones, provincias y municipios, así como en una inclusión creciente de prácticas de presupuestos participativos.

Desde nuestra perspectiva, es fundamental abrir la participación deliberativa de la sociedad civil en el diseño, ejecución y evaluación de políticas, haciéndola parte de mecanismos más diversos de financiamiento del desarrollo. Asimismo, es coherente con la participación ciudadana abrir el debate sobre la estructuración del gasto e inversión pública en el presupuesto de la Nación y en los presupuestos regionales y locales, así como en las distintas fases de la ejecución presupuestaria.

Finalmente, para nosotros es un deber expresar que deploramos la ausencia en esta iniciativa de propuestas constitucionales de democracia participativa, esperables en un proyecto de esta naturaleza y ofrecidas en el programa y discurso tanto del gobierno de Lagos como de Bachelet.

En ese sentido, incluir normas e instituciones de democracia participativa en la Constitución Política sería una señal poderosa de la voluntad de cambio constitucional y de mejoramiento de la calidad de la democracia, tareas aun pendientes en Chile.

Podemos concluir, por tanto, que hay una distancia importante entre la agenda de la sociedad civil sobre democracia y participación ciudadana y el proyecto de ley que estamos discutiendo. Y que esperamos se pueda mejorar en los tramites posteriores que esperan a esta ley.
Muchas Gracias.

lunes, agosto 14, 2006

¿ciudadanos versus partidos?

En las últimas semanas ha sido posible advertir en el discurso de los partidos políticos, parlamentarios y analistas una evidente crítica al llamado “modelo ciudadano” que habría marcado los primeros meses de gobierno. Este modelo, advierten, sería una de las causas de la baja en la popularidad de la actual administración de Bachelet y de la crisis que se evidencia con el cambio sus ministros.
Incluso Roberto Méndez (Adimark) señaló que la teoría del modelo ciudadano ha afectado el respaldo a los partidos y a los parlamentarios, aún cuando ésta no haya funcionado. En medio de este debate la propia presidenta señaló que la frase “gobierno ciudadano” no era suya.
El Instituto Libertad argumentó que la presidenta se habría cazado en su propia trampa discursiva, en la medida que la “ciudadanía” habría ido adquiriendo un protagonismo no deseado por ella ni por los partidos de la Concertación. Es por ello que éstos últimos habrían comenzado a criticar abiertamente el “gobierno ciudadano”.
Se trata de una lectura que efectúan los partidos y las élites tradicionales y que contiene una crítica políticamente transversal, aun cuando el único cambio objetivo que instaló el gobierno de la Presidenta Bachelet, fue el de establecer una inicial y sutil distancia con los políticos tradicionales. Pero pareciera que ahora éstos han puesto un límite concreto, a partir de una defensa corporativa de la clase política.
El protagonismo ciudadano incomodaría a las élites. Las movilizaciones de los estudiantes, así como las que estarían soterradas y dispuestas a aparecer, serían provocadas por esta impronta ciudadana del gobierno, que sería la responsable de una disposición de poco carácter. Esta impronta tampoco privilegiaría a las verdaderamente fuertes y poderosas instituciones de la democracia representativa.
También hay un fuerte componente machista en esa crítica: la élite patriarcal espera que se demuestre el fracaso de un estilo menos autoritario y encabezado por una mujer.
Una lectura más profunda y compleja de las encuestas dadas a conocer en los últimos días, nos confirma la desafección de la población con la política convencional. Porque un hecho del cual las propias encuestas arrojan datos, es la negativa percepción ciudadana de instituciones respetables del sistema político institucional tradicional, como los partidos políticos, el parlamento y la “oposición”.
Esta falta de adhesión ciudadana a la política convencional está señalando que no es el gobierno ciudadano el que no ha funcionado, sino más bien que este modelo no se ha puesto en marcha. Y lo que ha ocurrido en las últimas semanas es una especie de “demonización” de un estilo o sello ciudadano que en la práctica no existe, ni se ha instalado.
Si bien puede suponerse que el planteamiento de la Presidenta (impulsar un estilo de gobierno ciudadano) es hasta ahora retórica -como señalan algunos analistas-, lo es en la medida en que no se generan transformaciones en la sociedad para acoger el relato de la ciudadanía. Actualmente no existen instrumentos institucionales que hagan efectiva la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos del país.
Los proyectos de ley que abordan estos mecanismos no disponen de la densidad suficiente como para ser considerados hitos para la profundización democrática -defensor del pueblo, ley anti discriminación, ley de participación-, y además se encuentran sin urgencia en el parlamento.
Las reformas o el cambio del sistema binominal constituirían otro avance hacia la distribución del poder y ha sido y será un muro difícil de traspasar. Lo mismo la democracia regional, la iniciativa popular de ley, la revocatoria de mandato de las autoridades, la vigilancia ciudadana y la cuenta pública. Sin que se concreten estas iniciativas, la reacción del mundo político partidista ha sido la de desprestigiar este “estilo” ciudadano. Incluso se argumenta que existiría una tensión entre la democracia representativa y la democracia participativa, siendo esta última “poco conveniente“.
Se busca equiparar a la democracia participativa con la denuncia en la calle o con el conflicto social. Al plantearse ambos modelos como contrapuestos en lugar de complementarios, se desconoce que la democracia representativa puede ser enriquecida abriendo más canales de participación y de expresión, lo que incidiría directamente en su calidad y profundización.
A pesar de ello, lo que se percibe en la sociedad chilena es un cambio cultural, expresado en la propia elección de la presidenta y en las manifestaciones ciudadanas. El malestar surge del contraste entre las expectativas generadas por este nuevo tiempo y las hasta ahora exiguas concreciones institucionales del cambio.
Gobierno ciudadano implica un pliegue democrático, cambios profundos al régimen constitucional, donde la reforma al sistema binominal y una nueva ley de participación y asociatividad son parte de un abanico más amplio.
Se trata de reconocer que atravesamos un cambio cultural profundo en la sociedad chilena y en un periodo en el cual las expectativas deben adaptarse a los procesos posibles de acuerdo a las fuerzas e intereses existentes en la sociedad.
En la democracia la deliberación se debe expandir más allá de las esferas del poder tradicional, avanzar hacia un modelo en el cual todos y todas se sientan convocados. Ese paso fundamental es el que falta dar y el que durante 16 años ha hecho sentir a los ciudadanos que las decisiones están en manos de unos pocos y específicamente de un grupo que cada vez se reduce más.
La democracia de la modernidad abre la deliberación a todos los actores involucrados y es necesario preguntarse si existe una real voluntad política por iniciar reformas que apunten en esta dirección. Las señales nos indican que existe un cierto temor de los sectores políticos, puesto que esta apertura les restaría poder y validez ante la ciudadanía. A nuestro juicio, este diagnóstico es un error: mientras más interés exista por parte de la ciudadanía a participar en los asuntos públicos, el sistema democrático se enriquecerá y con ello sus instituciones y partidos. La crisis de los partidos políticos se debe precisamente a la desvinculación de éstos con los sectores sociales y con los nuevos movimientos que han emergido desde la sociedad civil. La élite partidaria se alejó y terminó perdiendo legitimidad ante vastos sectores. Los partidos necesitan aprender a convivir con estos movimientos y a compartir espacios de incidencia. No tienen que ser necesariamente contrapuestos. La política se puede hacer desde múltiples espacios, y eso es algo que los partidos aún no internalizan como tampoco se cuestionan la actual distribución del poder. Y la falta de reflexión sobre estos temas es tan peligrosa para la democracia como el desprestigio de una de sus expresiones más valiosas: el protagonismo de la ciudadanía en los temas públicos y en la construcción de un proyecto de país.

domingo, julio 16, 2006

"La Revolucion de los Pinguinos"

La movilización de estudiantes secundarios en Chile en las últimas semanas, conocida como la “revolución de los pingüinos”, instala la idea de un cambio cultural y político profundo y denso en la sociedad chilena.
Se trata de cambios que ya se manifestaron hace algunos meses en el quiebre de un ciclo en el campo de la representación político institucional, a partir del término del gobierno del Presidente Lagos y del inicio de una etapa liderada por una mujer presidenta.
Estos nuevos vientos van enlazando y anidando una transformación que parece constituirse en diálogos y formas de vínculo entre los ciudadanos muy distintas a las que estábamos acostumbrados. Una práctica social que pugna por salir, por romper ataduras y amarres, por irrumpir y por instalarse. Lo hace sin delicadeza y sin pedir permiso a nadie. Son señales de actitudes nuevas ante lo público, de formas antiguas y emergentes de hacer la política que se conjugan y que llegan para acompañarnos por algún tiempo.
El exitismo autocomplaciente, por un lado, había enceguecido a nuestras elites, quienes no quisieron ver las inequidades o no les dieron importancia. Por otro lado, el temor a la gente, a los movimientos, a la representación política plural, a la expresión de las minorías; el temor a la critica, a las argumentaciones que confrontan, ha dominado nuestras escena política en la década del 90’ y también en estos últimos años.
Exitismo autocomplaciente y temor han sido las caras de una misma moneda, ideas que tratan de dar un paso adelante para escapar de la pesadilla de 1973. Lo que no sabíamos es que con ello también nos estábamos escapando de una sustantiva parte de la realidad.
Si “todo lo sólido se desvanece en el aire”, no es para que nada quede, es un nuevo orden que nos visita. Ahora la historia viene a buscarnos con su implacable lucidez, para que solos nos contemplemos y veamos nuestra verdadera cara en su espejo, a mostrarnos su otro plano que no sólo son los malls, las autopistas y los supermercados, y es más bien cómo se va modelando poco a poco, paso a paso, un aprendizaje de luchas pequeñas y de sobrevivencia. Un aprendizaje de prácticas y acciones que reconocen una experiencia de fracasos y de frustraciones, para finalmente cuajar y ponerse en el medio de nosotros como una verdad que no queríamos ver.
Pueda ser que - más que la historia -, sea el simple paso del tiempo el que viene a cobrar su cuenta, y por ello son los jóvenes los primeros en correr a dialogar con estas mutaciones, para jugar un papel fundamental y protagónico en el nuevo tiempo.
Se devela entonces la fragilidad, la urgencia y el escándalo de uno de los efectos más perversos del “modelo”, la desigualdad.
Este núcleo escondido lo develan con claridad y crudeza algunos de los más impropios y olvidados de los actores de la modernización: niños y adolescentes de colegios municipalizados o subvencionados, el llamado Movimiento de los Pingüinos. Se trata de jóvenes organizados, con una composición pluriclasista, y que quieren tomar su vida y su futuro bajo su propio control.
El malestar que expresan no es aparentemente todo lo ideológico que quisieran algunos. No parece que el “sistema” sea su objetivo a destruir, como en cambio lo fue para el movimiento de los años 60s. Hoy parece que se lucha en contra de una dimensión específica del “modelo”, el carácter segmentado de la estructura educacional chilena. Este malestar pareciera ser más bien profundamente reformista y apunta a soluciones que son posibles (“si el país tiene más recursos y buenos índices macroeconómicos, ¿por qué no nos llega?”). Se sabe desde hace años, los jóvenes y la gente quiere vivir mejor, con una educación que sí ya es para todos (o para casi todos), pero no es de calidad, por lo tanto se cualifica la necesidad y la demanda.
Bachelet y el Chile que la llevó al poder pueden ser la expresión de otras modernizaciones más importante y profundas. No exclusivamente del Chile paritario, de la mutación cultural y el estilo europeo que las elites pensaban. Pero sí quizás del Chile que se sincera en su propia realidad y en sus propias miserias.